miércoles, 22 de abril de 2015

Se lanzó un spot audiovisual de la Ley N° 26.657

El aviso de Presidencia de la Nación repasa los derechos que consagra la Ley Nacional Nº 26.657. Lo hace a través de los rostros de Hugo, María Jesús y Alan, tres personas que en algún momento de sus vidas atravesaron padecimientos mentales y llegaron a estar institucionalizadas por años en establecimientos psiquiátricos.

Sujetos con las manos erguidas, de colores que respiran el cielo, los carteles de Hugo, María Jesús y Alan dicen lo que por mucho tiempo no se supo, lo que por años se calló. “Todos podemos necesitar, en algún momento de nuestra vida, atención en salud mental”. “Todos tenemos derecho a vivir en la comunidad, tomando nuestras propias decisiones.” “Con la asistencia profesional y el apoyo de todos, la recuperación es posible”. Y recuerdan que una ley pilar de la democracia argentina, la Ley N° 26.657, estableció nuevos derechos para promover la salud mental de la población y garantizar la atención a quienes padecen.
Aquellos carteles, aquellas actuales certezas son las protagonistas del aviso televisivo que lanzó Presidencia de la Nación para combatir los prejuicios que aún persisten en torno a la salud mental, en general, y a las personas con padecimientos mentales, en particular. También para difundir los preceptos del nuevo paradigma y así la Ley Nacional de Salud Mental N° 26.657.
María Jesús, Alan y Hugo, tres personas que atravesaron padecimientos mentales, que experimentaron en carne propia la estigmatización, que en algunos casos sufrieron los rigores del encierro y de la apropiación de sus derechos, ponen cuerpo en pos de la inclusión social de quienes tienen comprometida su salud mental.
“El padecimiento mental es algo que le pasa a unos pocos”. “Es irreversible”. “Las personas con padecimiento mental deben ser aisladas”. Estos son los botones de muestra a los que apela el aviso de Presidencia, que comenzó a ser exhibido principalmente en las transmisiones de Fútbol para Todos, para alertar que “el mundo está lleno de prejuicios”. Y que esa indolencia suma dolor al dolor, cimenta más ladrillos sobre el muro pretendidamente divisorio entre “sanos” y “locos”.
“Pero no”. Dice la locutora.
Y entonces las manos de María Jesús, Alan y Hugo, sosteniendo nuevos carteles, recuerdan que cualquier persona puede ver afectada en algún momento de su vida su salud mental. Y que puede recuperarse de ello. Que la autonomía, la presunción de capacidad y la vida en la comunidad, rodeado de afectos, es un derecho humano que asiste a unos y otros. Que un abordaje interdisciplinario que también se nutra de los saberes de cada comunidad y del apoyo activo de la sociedad, además del compromiso del Estado, es preciso para avanzar en la recuperación.
“Ley Nacional de Salud Mental Nº 26.657”, reafirman ellos, que son nosotros. Y recuerdan, por si hiciera falta, que estamos ante una norma –una más de las consagradas en la última década- que pugna por la efectiva inclusión social. De nosotros. De ellos. De todos.
Porque, más que una cosa de “locos”, la salud mental comunitaria es una cosa de “todos”:
• Integración social en redes afectivas, laborales y educativas;
• Habilidades para afrontar los desafíos de la vida;
• Participación en proyectos colectivos;
• Vivienda, salud, educación y trabajo;
• Igualdad de oportunidades;
• Respeto a la subjetividad; e
• Inclusión social.
Hugo, María Jesús y Alan, ellos que son nosotros
Hugo López tiene 80 años y a mediados de la década del ’80 fue internado en el Hospital Neuropsiquiátrico José T. Borda, donde –acusa- le mantuvieron a raya con "una montaña de psicofármacos". Eso no impidió que se convirtiera en un militante por la transformación democrática e inclusiva de ese establecimiento porteño. ¿Cómo? Siendo parte del colectivo radial La Colifata y colaborando en la revista autogestionada La Vaca. Hugo, en la actualidad, vive con su mujer el Gran Buenos Aires.
Alan Robinson es actor, director, escritor y docente. A los 37 años, y luego de “padecer” –así las llama- dos internaciones en clínicas psiquiátricas, pudo recuperarse de esa experiencia y se abrazó a su antiguo amor, el teatro, formó una familia y escribió “Actuar como loco”, libro en el que reflexiona sobre su historia y confronta el viejo y el nuevo paradigma en salud mental. Promociona su libro por las redes sociales. Lo vende a través de un “delivery personalizado”, que incluye su inefable sonrisa. Alan, además, representa a la Asamblea Permanente de Personas Usuarias de los Servicios de Salud Mental ante el Consejo Consultivo Honorario en Salud Mental y Adicciones, y es el secretario de ese organismo.
María Jesús Blanco pasó ocho de sus 44 años internada la Colonia Nacional Dr. Montes de Oca. En su proceso de externación vivió en una Casa de Medio Camino. Y hoy lo hace de forma autónoma en una casa autogestionada en la ciudad bonaerense de Luján junto a otras personas que en algún momento de su vida transitaron algún tipo de padecimiento mental.

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